sábado, 8 de septiembre de 2007

Quienes somos.

-¿Quiénes somos?





-Que te importa eso, no te compliques la vida, se han corrido ríos de tinta tratando de explicar eso, también se han quemado infinidad de cerebros tratando de descubrirlo, no es la piedra filosofal, no es el agua de la vida, no es el Grial, tampoco es la panacea, entonces, te repito, qué te importa, no te atormentes, no desperdicies tu vida entendiéndolo, vive mi hermano, vive ahora, disfruta este minuto como si fuera el último de tu existencia.

-Cualquier archimillonario te legaría su fortuna por poder ser joven otra vez, por volver a tener la oportunidad de volver a vivir.

-Nosotros que tenemos vida, no la desperdiciemos, no seas “pendejo” no la tires a la basura.

-¿Sabes qué? ya me cansé de esto, no desperdiciemos nuestra vida y nuestro viaje hablando de estas estupideces, mejor vámonos a gozar, vamos a divertirnos.

¡Vaya forma de pensar y de vivir de Mauricio!

¡Libertad y libertinaje juntos!

¡Vivir y ganas de vivir sin ataduras!

El no se pregunta ¿cómo? Simplemente vive, su vida es una respuesta.

-Yo creo que puede tener conflictos de personalidad, pero sabe manejarlos, porque no le preocupan en lo mas mínimo.

¡No se angustia por la vida!

El va como viviendo por etapas, conforme se le va presentando la vida, no marca su destino, ni pone metas a realizar, da gracias por lo vivido y agradece lo que está viviendo, no se ata al pasado ni a la identidad que vive en el presente.

No sé si pueda aplicarse al caso de Mauricio o de otros, pero un cuento de Anthony de Mello, dice:

“La verdadera espiritualidad.

Le preguntaron al maestro:¿Qué es la espiritualidad?

La espiritualidad, respondió, es lo que consigue proporcionar al hombre su transformación interior.

Pero si yo aplico los métodos tradicionales que nos han transmitido los Maestros,¿no es eso espiritualidad?

No será espiritualidad si no cumple para tí esa función. una manta ya no es una manta si no te da calor.

¿De modo que la espiritualidad cambia?

Las personas cambian, y también sus necesidades de modo que lo que en otro tiempo fue espiritualidad ya no lo es. Lo que muchas veces pasa por espiritualidad no es más que la constancia escrita de métodos pasados.

Hay que cortar la chaqueta de acuerdo con las medidas de la persona, y no al revés”.

-Bonito cuento éste, permite darnos cuenta que la identidad no debemos buscarla, que la personalidad cambia, que no debemos atarnos con lo que ayer o el día de hoy es bueno para nosotros, debemos aprovecharlo eso sí.

-No nos condicionemos, por lo que hoy puede resultar bueno, mejor busquemos nuestra paz interior, nuestra tranquilidad, lo que hoy nos haga felices, porque si somos felices, seguramente los que se encuentren a nuestro alrededor, también podrán serlo, si es que ellos quieren.

-Le podemos decir a Mauricio: ¿Cambia?

-Estás equivocado, vives una vida vacía.

-Y ya que estamos con Anthony de Mello, él dice en otro cuento:

“No cambies.

Durante años fui un neurótico. Era un ser angustiado, deprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara.

Y no dejaban de recordarme lo neurótico que era yo.

Y yo me ofendía aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara.

Y también con él estaba de acuerdo, y no podía sentirme ofendido con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.

Pero un día me dijo: No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar.

Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte.

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: No cambies. No cambies.

No cambies...Te quiero.

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo.

Y, ¡oh maravilla!, cambié.”

¿Conocemos a alguien que haya cambiado?

¿Quiénes serán?

Aquellos que se han redimido, serán los alcohólicos y neuróticos anónimos, los que se han convertido en santos, aquéllos que ya no le pegan a su mujer y a sus hijos, ó, serán aquéllos que se han rehabilitado socialmente, aquéllos a los que un especialista psiquiátrico o penitenciario, les han otorgado un certificado de liberación y de salud, o aquéllos que han decidido vivir y empezar a ser felices.

No esperemos cambiar, no centremos nuestras esperanzas en el futuro, que por otra parte, es fruto de ignorancia, impotencia y desesperación, si vivimos con esa angustia, con el miedo de si podremos hacerlo o no, no seremos felices, no estaremos viviendo, sino estaremos muriendo en vida y eso, no lo podemos permitir.

No tengamos esperanza en el futuro, mejor tengamos confianza: ¡En la elección se encuentra el cambio, en la elección está el riesgo! La elección, el cambio, el riesgo, es futuro, pero no tengamos esperanza en que algo se producirá o no, mejor tengamos voluntad, decisión, sueños, si es que queremos llamarlo de esa manera; vivamos el futuro, anticipémoslo, soñemos con el, disfrutémoslo, pero no tengamos esperanza de él.

No estoy hablando de que nos abandonemos a simplemente vivir, a que tengamos resignación con lo que tenemos ahora, a que nos conformemos, por supuesto que no. ¿Quién por otra parte, podría ser feliz de esa manera?

Luchar es vivir, el progresar es vivir, el superarse es vivir, el lograr lo que uno quiere es vivir, el amar es vivir, el querer a tus hijos es vivir, el querer una casa no es vivir, el tener voluntad para tenerla sí lo es, no confundamos entonces el abandono y la pasividad con el vivir o el no vivir, misma que no podemos confundir con la felicidad o infelicidad.

¡El no lograr una cosa puede llevarnos a ser felices si la obtenemos o, a ser infelices si no lo logramos!

Eso es cierto, ahora todo depende de nosotros.

Una buena fórmula puede ser, no ser posesivos con nadie, ni con la gente que amamos, ni con las cosas que queramos.

Si somos posesivos con alguien, el día que ya no esté vamos a sufrir, vamos a dejar de ser felices.

Desapeguémonos de las cosas y de las personas, para que el día que ya no estén, el día que mueran, no queramos morir con ellas.

No queramos el dinero por lo que vale, sino en función de lo que vale, el dinero es un valor, es un medio simbólicamente generalizado, tiene una función en el mundo y en el mercado, nosotros no somos parte de ese mercado, mejor usémoslo, al igual que al amor que es también un valor, démosles la función que tienen y, no nos convirtamos en parte de esa función. Amemos a alguien por lo que es, no por lo que tiene, amemos a nuestros hijos por lo que son, no por lo que queramos que sean, porque cuando no cumplan con su función y, con nuestras expectativas, ese día vamos a sufrir y, a hacer sufrir a quienes nos quieren.

Aprendamos a sufrir, también en el sufrimiento está la felicidad, porque también de felicidad se llora, con esto quiero decir que no nos volvamos insensibles, que no descorporeizemos nuestro yo, para no sentir, el amar es sentir.

En estos momentos Mauricio se levantó de la mesa, ya había pagado la cuenta y yo ni siquiera me había dado cuenta, me hizo una seña de que ya nos fuéramos, y empezó a caminar, yo me levanté para seguirlo.

Caminamos por el lugar, viendo las vitrinas de las tiendas -me dijo- no sé que comprarle a mi novia, ayúdame por si ves algo interesante.

Nos metimos en Gucci, para ver si algo nos gustaba, mas bien para ver si algo le gustaba a Mauricio, ya que para mí, era muy caro. Al llegar a los cinturones, tomo uno de dos colores verde y rojo -que son los colores de la marca l era como de plástico por donde estaban los colores y en reverso era de piel color negro.

Se dirigió a mí y me dijo: -no te gusta, esta rompe madres, esta cinturón llevo buscándolo mucho tiempo, creo que lo descontinuaron, lo he buscado hasta en New York y, no lo había encontrado. A mí de primera vista no me gustó, no era mi estilo, por otra parte costaba más de trescientos dólares, eso era mucho para mí.

-Cómprate uno -me dijo- .

-No -le respondí.

-Cómpratelo -me insistió-.

-No, no me gusta.

-Como no te va a gustar si esta padrotísimo. Dicho eso, llamó a uno de los vendedores y le pidió dos cinturones. No me quedó mas remedio que comprarlo.

Pasamos a la sección de zapatos y de la misma forma le gustaron unos tipo tenis, tipo zapatos, negros con unas franjas rojo y verde que eran los colores de Gucci, por otra parte combinaban con el cinturón. Se midió unos, se le veían muy bien, pidió unos y los pagó. Yo por mi parte me estaba midiendo otros, me parecían grandísimos cuando los tenía puestos.

-Así es el estilo -me dijo- son zapatos que se te ven como dos o tres tallas de la que tu usas.

-¿Por qué no te compras unos como los míos?

-No -le conteste- vamos a parecer hermanitos, los mismos zapatos, el mismo cinturón.

-¡Como crees!

-Cómpratelos -me volvió a insistir.

Finalmente me los compré.

Me dió una terrible cruda moral, al darme cuenta de que me había gastado casi siete mil pesos en unos zapatos y en un cinturón.

Salimos del lugar, seguimos paseando, comprando, disfrutando de las vacaciones que nos habíamos permitido tomar.

Ya regresando a tu realidad, me di cuenta de una cosa:

Mauricio, con esa actitud de que yo me comprara lo mismo que él se había comprado, me demostraba que en él no había egoísmo ni vanidad; yo me puse en el lugar del otro, y desde luego que yo no hubiera permitido que otro, que un amigo, que mi amigo se comprara lo mismo que yo y, si él hubiera insistido, yo sin decir nada hubiera cambiado por otro modelo o, simplemente ya no me hubiera comprado nada.

¡Como alguien iba a traer puesto lo mismo que yo!

Yo sí hubiera sido egoísta y envidioso.

Aún ahora, creo que yo seguiría haciendo lo mismo.

Pero él no lo hizo, aunque yo se lo hubiera dicho. A él no le importó, como tampoco le importa las veces que estamos juntos o, que coincidimos en algún lugar y que traemos puesto las mismas prendas, y cuándo alguien comenta que traemos cosas iguales, él simplemente dice sí nos las compramos en el mismo lugar.

¿Se ven bien, no?

Esas cosas ni siquiera le pasan por la cabeza, cuando a nosotros nos lastiman, sentimos feo, cuando vemos que alguien trae lo mismo que nosotros, al igual que envidiamos cuando alguien trae algo que nosotros no podemos tener

.Ese es un primer paso -pensé yo- .

Un primer paso es superar la envidia, el egoísmo, como podemos ser nosotros mismos, como querer a la gente que nos rodea, si no somos capaces de querernos a nosotros mismos, sí somos capaces de albergar sentimientos tan destructivos. Por eso la mayoría de la gente sólo se preocupa por que los quieran, sin preocuparse siquiera si ellos quieren o no.

Cuando tenemos envidia, cuando hay egoísmo en nuestra alma, cuando odiamos a alguien, odiamos algo que se encuentra dentro de nosotros mismos; no odiamos ni sentimos envidia o, egoísmo de la persona, sino de algo que se encuentra en nosotros; lo que no está dentro de nosotros no puede hacernos daño.

Odiamos sólo imágenes de nosotros mismos, de nuestras carencias, de nuestras vanidades, de nuestra falta de felicidad y de estabilidad con el mundo.

Todo mundo vive las pasiones de los demás, vive deseando lo que el otro tiene, vive la vida de los demás, pero no la suya propia. Cuando aprendamos a vivir nuestra propia existencia, empezaremos a ser nosotros mismos.

Cuando empecemos a querer y a lograr lo que queremos para nosotros mismos -no queriendo lo que los otros tienen, no en un afán de imitación- empezaremos a ser felices.

-Oye Mauricio, otra pregunta: ¿Que crees que sea más valioso que el dinero?

No lo deje responder, y le dije:

No crees que pueden haber muchas cosas mas importantes y mas valiosas que el dinero, por ejemplo, el aire, ¿no crees que sea mas valioso?

Otras cosas mas: el agua, la libertad, la dignidad, el arrojo, la valentía, el carácter, la independencia, la jerarquía, la paciencia, la tranquilidad, la felicidad.

-Todos poseemos estas cosas, pero sólo las percibimos cuando logramos traspasar los límites de nuestra propia estatura.

-Pero hay algo que es más valioso todavía. ¿Sabes que es?

-La vida, el saber que estamos vivos. El saber que a través de todas éstas cosas, podemos ser algo más que el simple hecho de estar vivos, también los animales están vivos ¡oh no! podemos aprender a vivir en paz.

Esa noche fuimos a otra discoteca, una nueva llamada “Bed”. Entrando al lugar, el decorado son precisamente camas, camas tamaño “King Size”. Una al lado de la otra. El lugar se fue llenando y las camas también. Son camas en donde puedes acostarte, te quitas los zapatos, los botas por ahí, te recuestas con tu pareja, te besas, haces de cuenta que estas en la intimidad con ella, cosa que por otra parte puedes hacer, ya que todas las camas tienen cortinas para que puedas estar ahí sin ser visto, sólo oído. Pides de cenar, te llevan la cena a tu cama, cenas ahí, es como para sentirse en casa; descansas, te levantas, bailas, te emborrachas, te tiras otra vez a tu cama a descansar, invitas a las personas que quieras a tu cama, ésta se va llenando conforma pasa la fiesta; en el trascurso de la noche pueden pasar muchas personas por tu cama, eso se llama diversión. Te acuestas, te revuelcas, jugueteas, la libido se te desparrama del cuerpo, la sudas. En fin que terminas con varias mujeres en la cama, bailando encima de ella, con ropa o sin ella, que para el caso da igual. La vida de Mauricio y la de muchos otros como él, es en verdad atrayente, llena de sueños, de placer, de vivir el momento sin importar el mañana. Pero era una vida vacía, sin metas, sin aspiraciones, una vida dedicada posiblemente arruinada por ligereza. se podría decir.

Se había convertido en esclavo de sus propias pasiones, son como aquellos que no soportan pasarse un fin de semana en la ciudad de México, mejor en Cancún, Puerto Vallarta, en Baja, ya de perdida en Teques o, en Cuernavaca.

Esa pasión que el sentía sólo era aparente, era la expresión última del deseo corporal, de los sentidos, con el mundo exterior, con el mundo artificialmente creado para la explotación del placer, del ego, el apasionamiento por lo falso, por lo efímero.

Un vivir por el simple hecho de vivir, en donde sólo importa lo material. lo estético y lo objetivo, en donde carecen de importancia los valores éticos y morales.

¿Vivir así valdrá la pena?

Vivirla como una etapa de tu vida, con conocimiento de causa; conjugando el hedonismo con la responsabilidad y el amor con la felicidad, por supuesto que vale la pena vivirla.

¿De que vale poseer, de que vale tener riquezas, nos matamos trabajando, por enriquecernos terminamos con la salud y después terminamos con el dinero tratando de recuperar la salud, en fin que los únicos que se enriquecen son los doctores de ricos y millonarios.

¿De que vale tener riquezas si estamos vacíos por dentro?

Cuando te hartas de las cosas, ¿que más puede agradarte después?

¿Qué puede gustarte tanto que te haga regresar a tu vida de antes?

¿Has experimentado de todo que, que más puede satisfacerte?

A veces lo innecesario se te hace necesidad, las drogas, por ejemplo, pueden ser necesarias para el individuo porque lo hacen vivir, los eleva a una vida feliz, se sienten personas nuevamente, por eso es que la vida nocturna, la farándula es tan atrayente, te vuelve creativo, aunque eso las más de las veces sea sólo una ilusión. Te mueven tus niveles de serotonina, la felicidad te explota, pero cuando los efectos pasan, la realidad hace de nuevo su aparición y el delirio de persecición te persigue.

Este llamado neoindividualismo, o neoexistencialismo, donde todo es posible, donde todo se vuelve real y palpable, es a la vez hedonista, pero inclinado a la verdad y al orden, le molesta el mal gobierno, la intransigencia y el caos, por eso prefiere mantenerse al margen o alejarse de éste, acepta los espectáculos y derrumbes políticos, le gusta regocijarse por las estupideces que acaécen, pero se mantiene alejado de ellas, prefiere la calma y la tranquilidad, por eso cada que puede, por no decir cada fin de semana, se aleja del bullicio y del desorden, de la delincuencia que puede afectar su entrega al placer, por eso viaja, se divierte y se evade, es un nihilista que sólo encuentra valores en sí mismo, que sólo se preocupa por la estructura de su propio ser, se encuentra perdido pero él no lo sabe, él es sólo él, sus deseos y su mundo.

Todo aquel que llega a éste momento, es porque su vida ya no tiene sentido, por él puede destruirse, puede irse a la chingada, poco o nada le importa, porque para él ya esta destruida, o bien ya la tiene resuelta. Pero puede, sí acaso tiene la visión para hacerlo, enmendarla y tratar de despojarse de la ilusión de su yó, de su elló, inclusive de su superyó, que para eso ya ha dado el primer paso.

Puedes empezar a disfrutar de las cosas con un sentido inmaterial, sin ataduras, sin ambiciones, puedes empezar a disfrutar de tu presente y de tu tiempo, de esta manera te va a dar igual que sea de mediodía o de medianoche. El tiempo ya no te representara ningún obstáculo, ahora será tu aliado, ahora puedes volar sin necesidad de métodos artificiales.

Lo primero que aprenderás con el tiempo, es a tener prudencia con la impaciencia, es decir deberás primero, tener paciencia, pero para empezar a comprenderla tienes que sentir la impaciencia, que un día la impaciencia llegara a su fin, es cuando entonces empezaras a sentir la tranquilidad que existe en lo inmaterial. Aprenderás a escuchar sin ningún ánimo de saber ni de entender. Empezaras a comprender que, sentir sin ánimo de pasión te produce felicidad.

Así como aprendes a amar las cosas en silencio, sin ánimo de ser correspondido, porque si esperas lo contrario, sufrirás. Pero si amas sin esperar nada a cambio, empezaras a sentir lo que es el amor de verdad. Cuando alguien te exige, te pide, te demanda, te suplica, te ordena y se enoja por ello, eso no es amor, ni siquiera es cariño.

El amor de esta manera se convierte en suplicio, en exigencia, en tormento. Se vuelve costumbre, se convierte en odio.

Todo esto es lo que yo creía de Mauricio, yo por mi parte era un individuo diferente, un hombre modelo se podría decir, cada quien a su manera, lo que sí era cierto, lo he dicho mil veces, es que él podría morir tranquilo mañana, yo por mi parte sentiría que mucho me falto.

Las opiniones sobre mi persona, son muchas y muy variadas, van desde las que opinan que soy un miserable, pagado de mi mismo, hasta las que sostienen que soy un ser increíble ayudador de los demás. Pero, yo que me conozco, puedo decir muchas cosas. Siempre fui una persona entregada a mi destino, nunca busque algo, siempre fui resolviendo mis problemas tal como se me iban presentando; he hecho infinidad de cosas y de ninguna de ellas me he sentido satisfecho en realidad, aprendí a mandar y a obedecer, a disparar armas de fuego, desde una simple pistola hasta un tanque, un obusero, un lanzallamas; como abogado soy estupendo, me considero uno de los mejores; autor de libros y artículos en materia jurídica; buen deportista; excelente padre, buen esposo. Mi inconsciente me dicto mucho mi forma de actuar, hombre con muchas carencias y muchos defectos, siempre me dedique a hacer altos en el camino, para reflexionar el sentido de mi vida. Esta no me importaba, para que iba a hacerlo, sólo me preocupaba triunfar, aunque en el fondo, ahora comprenda que nunca lo he hecho. Nunca me he sometido a un psicoanálisis, tal vez esa sea mi falla. Siempre llego hasta donde quiero, triunfo en ello, pero despues todo parece cambiar, ya no me satisface y cambio a otra cosa, soy cambiante y testarudo; arrastro con mi actitud a mi familia y no me importa. Soy un obsesivo-compulsivo con mi vida, y no me para nadie, todo lo logro, sin importarme nada, me impongo metas y las realizo. Siempre fui muy entregado a mis ideales, nunca engañe a nadie, tal vez por eso la gente que me conoce bien siempre confió en mí. Nunca me resigne a nada, siempre fui en busca de lo que yo creía, nunca espere a ser grande o viejo para disfrutar, lo hacía como iba viviendo, con carencias pero tratando de disfrutar al máximo, tal vez no tanto yo, pero sí trataba de que lo hiciera mi familia, mi esposa y mis hijos. Siempre me gusto la comodidad, tal vez porque mucho tiempo carecí de ella, pero ahora que la tengo, me doy cuenta que ésta no me satisface, lucho eso sí, por mantenerla, aun a costa de mi vida y mi salud, lucho por ella, por mis hijos, no quiero que pasen carencias, eso me preocupa y me angustia, no soy rico, pero trato de vivir bien. Todo es temporal, efímero, sé que debo combinar lo material con lo espiritual, amar a la gente por lo que es y, no por lo que quiero que sean. El mayor problema del mundo radica en una mala comunicación, nuestro mundo radica en nosotros mismos y, eso ya es una impostura, una confusión. Ese soy yo, esa es mi imagen, muchos de mis disfraces, con los cuales me identifico plenamente, muchos se han fundido con mi verdadera personalidad, ya no sé quien soy yo, y eso me preocupa, el hombre admirado, trabajador, honesto, querido, ayudador, siniestro, egoísta, malo, inflexible, autoritario, individualista, amoroso, entregado, solitario. ¿Quién soy yo? ¡No lo sé!

Mucha gente me respeta, de eso me doy cuenta y me gusta, soy vanidoso, soberbio, déspota, intransigente. No sé quien soy, y eso me asusta. Tal vez por ello, ahora me sienta acabado, sin ánimos, sin fuerzas, el mundo se me ha venido encima, y a veces parece que no puedo aguantarlo, vivo estresado, angustiado, lo sé, pero parece que no puedo superarlo, con mi nueva actitud, hago daño a mi familia, lo sé y me lastima, me hace daño, pero no tengo los elementos para remediarlo.

¡Que complicada es la vida! Uno llega a la cúspide, y se da cuenta que todo ha sido un gran fracaso, un engaño auto simulado, una entrega al vació. ¿Será la edad? ¿Será que alguien me esta ayudando a hacer un alto y a reflexionar, que es lo que en realidad quiero con mi vida? Sí es así gracias. Es hora de tener un poco de compasión, empezando conmigo mismo. La compasión se la tiene uno a los débiles, siempre lo he pensado, paradojas de la vida, ahora me la tengo a mi mismo, “el pez por su propia boca muere” ¡quien lo diría!

Todo me quita el sueño, vivo atado y aterrado, mis pensamientos me aniquilan, mi realidad exterior me esta matando, la apaciguo con calmantes, te´s de tila y somníferos, los achaques me atormentan, desvío mi atención en ellos, siento miedo, mucho miedo, mis herencias se aproximan al futuro. Soy quien soy, sin saber quien soy, no me conozco, no tengo paz, tengo pasión. Me gusta la perfección, esa es mi trampa, porque sé que el único que jamás llegara a alcanzarla seré yo.

No se si eso sea motivo de preocupación o de alegría. ¿No me reconozco!

He vivido dentro de un gran espectáculo, he actuado toda mi vida, y ahora que llego a la cima, el director parece ya no necesitarme, es tiempo de despedirme, ya no hago falta, se necesitan espíritus más jóvenes, más emprendedores, más serviles, deseosos de honores y diplomas, yo ya no sirvo, y tengo miedo, mucho miedo.

¿No será que estoy confundiendo la búsqueda de mi yo, con mi apego al yo, con mi apego a las cosas, como aquel que ama su coche y sufre cuando éste se raya o lo chocan.

Igual que a mí, sufro cuando lastiman mi yo, es entonces cuando aparece mi ego, y defiende eso a lo que más apego le tengo, que es a mi mismo.

Liberarme, restar importancia a lo negativo; el odio, el rencor, sólo viven hasta que uno quiere, es tiempo de cambiar, de acceder a estadios mayores.

Vivir, pero no dentro de la ilusión, que es como hace Mauricio, vivir dentro de la aceptación y la resignación de que hay que vivir y disfrutar, no esperar al mañana para vivir hoy.

Así lo hice y me auto engañe, ahora es tiempo de cambiar, de terminar con esta vida de autodestrucción.

Epícureistas del mundo unidos, padres del hedonismo, amantes del placer, todos los seres que habitamos este planeta tendemos hacía el hedonismo, tendemos hacía la felicidad, hacía la buena vida, hacía el placer, aunque al poco tiempo se nos estrelle con la realidad misma, que importa si ya nos ha seducido, ya lo bailado nadie nos lo quita, hagamos del cálculo una previsibilidad, no nos arrojemos como ciegos al abismo, seamos cautelosos, que no todo bien es malo, ni todo mal es bieno, no seamos esclavos de las cosas ni de nuestros sentidos, es cierto que debemos vivir intensamente nuestro presente, porque el fururo incierto es, pero hay que hacerlo con mesura, moderación, como bien decía Epicuro.

Es bien sabido que los que mejor viven son los que tienen la capacidad de elección, la capacidad de elegir con previsibilidad, sin aventurarse al placer de los sentidos, todo exceso el malo dice el refrán.

Sí alguien poderoso nos dijera que a partir de este momento sólo disponemos de dos o tres horas de vida ¿como las viviriamos?

Pregunta díficil de contestar. Imaginemos entonces, por un momento que ello sea verdad, entonces esa dificultad se nos vendría encima, la realidad nos aplastaría, ¿como vivir nuestra últimas horas de vida? Muchos la pasarían con sus seres queridos, muchos pidiendo perdón a los que ofendieron, otros refugiados en Dios, en sus Iglesias, en sus templos, en sus centros de oración, medtando consigo mismos, enfadados, lamentandose por no habr sabido vivir, pidiendole al tiempo que vuelva, resignados, furiosos, algunos robarían, violarian, matarian, realizarían sus últimas fantasias, algunos se retirarían al mar, al bosque, a la soledad a morir en paz.

¿Qué hariamos nosotros?

Tratar de no sucumbir ante las tentaciones de la vida, tratar de ser felices pero no a costa de uno mismo o de los démas, con prudencia, cautela, no buscándola, que la felicidad ahí esta, sólo que no la vemos, no la percibimos, somos ciegos ante ellla, pero ansiosos ante el placer.

Sucumbimos ante el sexo, la comida, el lujo, la comodidad, la lujuría, el deseo, el exito, ante la endorfína, al éxtasis, ante la adrenalina, todo se convierte en droga, todo se convierte en vicio, y nos volvemos adictos y dependientes.

Sí somos afortunados moriremos siendo niños de nuevo, aventando piedras al arroyo, piedras al aire, brincando y jugeteando, felices y despreocupados, con un sólo trabajo: jugar todo el día.

Por eso es que dicen que los soñadores, los buenos amantes, los despreocupados, los que escriben versos y poemas, viven en forma muy superior a los que se ocupan de las cuestiones del intelecto y de los profesionales de las ciencias y de la técnica, pero cuando te enfrentas contigo mismo, la realidad suele ser muy diferente de la que tienes ante tus ojos, pareciera que estabas viviendo dentro de un sueño, dentro de la ilusión, dentro del sensualismo y el idealismo, ¿qué es lo que sucede? que te empiezas a liberar, que los seres y multiples personalidades que parecen vivir dentro de tí, empiezan a luchar, empiezan a devorarse unos a otros, son tus demonios, que quieren salir, que quieren emerger a toda costa. El corazón te duele, tu alma llora y tus pensamientos se hayan profundamente confundidos; pensamiento y sentimiento confundidos, vaya novedad, como si eso no lo supieramos ya, como si nunca nos hubieramos dado cuenta de ello, como si toda la vida no nos hubiesemos contenido ante ello. Por otra parte, como si no supieramos que toda nuestra existencia, se ha basado en custiones como el "hubiera".

Es cuando empezamos a darnos cuenta de la existencia de nuestro verdadero yo, de cuando nuestro ser empieza a emerger y lucha con su pasado olvidado, con las cuestiones del inconsciente, es cuado empezamos a conocer la verdadera naturaleza de nuestro espíritu, es cuando se te empieza a dulcificar la mirada y el alma, y tu rostro se empieza a teñir de amabilidad, es cuando ya no tenemos más máscaras.

Cuando te conoces a tí mismo, se terminan las angustias, la ansiedad poco o nada parece ya importar, el corazón rejuvenece y sólo sientes paz dentro de él, es cuando aprendes a perdonar todo áquello que alguna vez te hizo daño, es cuando ya no hay más rencores, es como sí los escribieras en una hoja de papel y ésta la quemaras y la dejaras consumir lentamente, es dejar atras lo malo, es ya no seguir cargandolo.

Por eso es que el hedonista confunde el placer con todas las diferentes cuestiones del cuerpo y del espíritu. Estas no le interesan en lo más mínimo, pero cuando se enfrenta con ellas, las aparta de su lado o la realidad se le viene encima.

Al hedonista siempre le llega su tiempo, algún día termina por hartarse, es como sí el deseo de pronto se le terminase, ya nada le satisface, ya nada desea, es cuando se empieza a preguntar ¿qué voy a hacer hoy? ¿Qué voy a hacer mañana? y no tiene las respuestas, sólo hay vacío en su vida.

Su vida egocéntrica, su egoísmo, sus necesidades, su voluntad, sus emociones, terminan por envolverlo en la mas completa obscuridad, ya nada le importa, nada le interesa, se mantiene en tinieblas, en la soledad, vegeta en su cama, soñando, despertando y durmiendo, despertando y durmiendo, durmiendo, soñando, levantandose, yendo al baño, abriendo el refrigerador, prendiendo la televisión, cambiando cientos de veces de canal, prende el radio, se asoma a la ventana a ver el tiempo pasar, dormir, despertar, comer, bañarse, leer una revista, tomar una bebida, hablar por teléfono, esperar la noche, la fiesta, sabiendo que no desea nada, por que ya lo ha probado todo, ya nada le satisface, siente la futilidad de su vida, el vacío, la nada, piensa en el suicidio, en que ya no vale la pena vivir, no le interesa nada, no le interesa nadie.

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